La mentira como forma de vida es una patología tan peligrosa como el síndrome bipolar o similares, con la salvedad que quien la padece no esta diagnosticado de nada, nunca lo reconocerá ni echara marcha atrás de manera alguna; esa persona ya no tendrá ayuda ni salvación posible y ademas se perderá sin remisión en una espiral constante de falsedades una y otra vez, que se enredan hasta el infinito formando una capa superficial imposible de penetrar ni traspasar.
Presenciar la vida de los que mienten en lo poco y en lo mucho es una de los peores espectáculos a los que se puede asistir, es una contaminación creciente como lo es la suciedad o el desorden, que si la permites entrar en tu entorno, la vista se acostumbra a ella y te haces inmune.

Decir verdad, certezas cuando es necesario es como dar de comer al hambriento, es agua para una noche de verano y algo tan inusual como refrescante. Y si no queremos decir lo que es cierto, siempre nos quedara el silencio, que habla mas que mil gritos.
Nunca nadie dirá de mi que soy mentirosa, jamas; es algo que no puedo soportar , y nunca me cansare de repetirlo hasta la saciedad en cualquier medio que me de opción de hacerlo bandera.
La peor verdad es mejor que la mejor de las mentiras.